Vacaciones en el sur

Hace años que el viajero asumió, como el poeta, que la mejor Ítaca era aquel “norte, donde dicen que la gente es limpia, noble, culta, rica, libre, despierta y feliz”. Desde entonces, el viajero dirigió sus estacionales escapadas hacia países y ciudades donde el estado del bienestar mimara a sus ciudadanos y el PIB estuviera por encima de la media europea.

El viajero está ya en edad de merecer y un poco harto de los cuentos de la autenticidad y los folklores más o menos nacionales. Pero de vez en cuando, al viajero le acecha la nostalgia y se deja vencer por la retórica de un sur amable, próximo y sensual. “El Mediterráneo tal como era” es un eslogan invocado por varios destinos de higueras, olivos y alcornoques que le recuerdan un pasado que ya no sabe si existió. Tras años de exilio turístico, el viajero ha recaído en la introspección a la búsqueda de aquel tiempo perdido entre los pliegues de la memoria.

Y ciertamente en ese mar de memoria incierta, el viajero ha encontrado aquello de lo que escapó: ocupación intensiva del territorio, deterioro del espacio público y abuso del turista. Sentado en una terraza del barrio de Plaka en Atenas añora el frío acogedor de Noruega, sin ir más lejos.

Article publicat avui fa 9 anys al Periódico de Catalunya.

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