Antisemitas

El prejuicio antisemita viene de lejos. Los preciosos calls de Girona y Sagunt o los ghettos –bautizados así a partir del barrio judío de Venecia– son la expresión urbanística de un apartheid preventivo. La topografía reforzaba el anatema, alimentaba la incomunicación y elevaba a categoría de incontestable la supuesta maldad del judío. Un proceso demoníaco que han padecido los musulmanes en diferentes partes del mundo, así en Estados Unidos y Canadá como en la civilizada Europa. Las morerías de nuestras ciudades medievales –con mudéjares y moriscos bautizados a la fuerza– también dan cuenta de otra clase de barrios segregados que tienen hoy su máxima expresión en Cisjordania y Gaza. El historicismo no suele ser buen consejero. Pero la tradición sagrada cuenta que Noé, patriarca de Israel y profeta del Islam, fue elegido por Yavé para sobrevivir al diluvio y perpetuar la especie a través de sus hijos: Sem, Cam y Jafet. Los habitantes de calls y morerías descienden del primero. Quizá por ello el nuevo antisemitismo se expresa tanto en los cohetes de Hamas como en los misiles de Israel.

 

Article publicat avui fa 10 anys al Periódico de Catalunya.

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